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Un póster científico del CONICET NOA Sur recibió el primer premio en el XXII Congreso Nacional de Arqueología Argentina
Elaborado por investigadores de instituciones con sede en Catamarca y Tucumán, en él se describen detalles del hallazgo de una vasija con quínoa de 1.500 años en Antofagasta de la Sierra, en la Puna de Catamarca.
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Hace algunas semanas culminó el XXII Congreso Nacional de Arqueología Argentina, un evento que reunió durante cinco días, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, CABA, a referentes en la temática provenientes de distintas regiones del país y de Sudamérica. En ese contexto, un equipo constituido por investigadores del CONICET NOA Sur en el Instituto Regional de Estudios Socioculturales (IRES, CONICET-UNCA) y del Grupo de Investigación en Arqueología Andina (ARQAND, FCN e IML, UNT) obtuvo el primer premio al mejor poster científico, en el que se describe en detalle el hallazgo de una vasija con quínoa de 1.500 años de antigüedad en la Puna de Antofagasta de la Sierra, al noroeste de Catamarca.
Este congreso convoca todos los años a la comunidad arqueológica del país para establecer una puesta en común de los resultados y avances logrados. En esta oportunidad, se organizó en forma conjunta entre la Sociedad Argentina de Antropología y el Instituto de las Culturas (IDECU, CONICET-UBA). A las distintas disertaciones y conversatorios habituales, se suma al certamen de pósteres, donde se reconocen trabajos destacados contemplándose el rigor metodológico, la originalidad y la contribución al conocimiento arqueológico nacional.
Elaborado por Gisela Cardozo -becaria doctoral del CONICET en el ARQAND-, la investigadora del IRES Leticia Gasparotti y el investigador Salomón Hocsman -también del ARQAND-, el trabajo “Una vasija con quínoa de momentos agro-pastoriles plenos en el sitio Peñas Chicas 1.1 (Antofagasta de la Sierra, Catamarca)” recibió en esta última edición el primer lugar entre las láminas exhibidas.
“Por supuesto un reconocimiento al trabajo del grupo siempre es bienvenido, pero en realidad este hallazgo es una posibilidad de dar a conocer una de las tantas investigaciones que se están llevando a cabo actualmente en Antofagasta de la Sierra, lugar donde el equipo continúa los trabajos iniciados por el reconocido arqueólogo Carlos Aschero desde principios 80’”, señala Hocsman, y agrega: “Nosotros somos parte de un engranaje que lleva 43 años de trabajo arqueológico ininterrumpido enmarcado en el CONICET y en las universidades públicas nacionales de Tucumán y Catamarca, con el apoyo de la Dirección Provincial de Antropología de la Provincia de Catamarca”.
Descubrimiento en el corazón de la Puna
La investigación premiada hace referencia al análisis de una vasija cerámica recuperada en el sitio arqueológico Peñas Chicas 1.1, que se encuentra ubicado en Antofagasta de la Sierra, al noroeste de la provincia Catamarca. En su interior, el equipo de especialistas encontró un conjunto considerable de granos desecados de quínoa -Chenopodium quinoa var. melanospermum-, semillas del antepasado silvestre -Chenopodium hircinum- y granos que exhiben caracteres morfológicos intermedios entre ambas especies. Cardozo señala que lo que le llamó la atención de este hallazgo es que todas las semillas fueran oscuras, negras y marrones, aunque correspondían a especies diferentes. “Después de revisarlas en detalle, pude identificar que pertenecían a distintas especies y que, sin embargo, estaban reunidas dentro de un mismo recipiente. Esto nos hizo pensar que quizás no estaban allí por casualidad y que podrían haber sido manejadas conjuntamente por las comunidades”, añade la becaria.
El material descubierto fue datado en 1500 años atrás y se vincula con las sociedades agropastoriles plenas que habitaban la Puna Meridional argentina, en un momento histórico en el que en la región se consolidaron prácticas de cultivo y pastoreo en un desierto de altura con condiciones ambientales extremas. “Puede tratarse de un depósito ritual, a modo de ofrenda, que daría cuenta de prácticas rituales pasadas” explica Hocsman como otro dato a resaltar, aunque este es un aspecto que todavía están analizando. Asimismo, remarca que la elección de quínoas negras o ajaras puede no resultar casual: en el mundo andino y en tiempos pre y post-hispánicos las ajaras se usaban para “pagos” a los cerros, a los ancestros y los gentiles -antiguos pobladores prehispánicos-; para propiciar la lluvia, la fertilidad y las cosechas; y para ofrendar a la Pachamama, así como en otras actividades rituales o funerarias.
Una ventana a la domesticación y el manejo de plantas andinas
Un elemento relevante es el de la coexistencia de granos domesticados, silvestres e intermedios de amarantáceas -familia botánica a la que pertenece la quínoa y sus parientes-, lo que constituye una evidencia de singular importancia para comprender los procesos de manejo, selección y domesticación de la quínoa en los Andes Centro-Sur, una región que abarca desde el lago Titicaca en el Perú hasta Antofagasta de la Sierra en Argentina. Esta es un área de gran importancia para entender la emergencia de los procesos de producción de alimentos y de complejidad social en los Andes. Por lo tanto, el hallazgo ofrece información directa sobre las prácticas de manejo de plantas de las comunidades que habitaron la Puna hace más de un milenio y medio.
Al respecto, Gasparotti describe que se trata de un cántaro de grandes dimensiones, con una capacidad estimada de unos 60 litros. “Los estudios realizados sobre la pieza –indica la investigadora- dan cuenta de que su composición no coincide con ninguna de las fuentes de arcilla que hemos analizado, lo que abre la posibilidad de que haya sido elaborado fuera de la región. Además, las evidencias muestran que el recipiente tuvo distintos usos a lo largo de su vida y que estuvo expuesto directamente al fuego, posiblemente para la cocción de alimentos o bebidas. Finalmente, fue depositado en este contexto particular de Peñas Chicas 1.1”.
Hocsman destaca por último que este exhaustivo trabajo se desarrolló en el marco de tres proyectos que recibieron subsidios para la investigación científica y tecnológica: el FONCYT-PICT 1349, dirigido precisamente por el especialista; el PIP-CONICET 1423, a cargo de la investigadora del CONICET en el ARQAND, Pilar Babot; y un PIUNT G707, coordinado conjuntamente por Babot y Hocsman. Asimismo, el trabajo en el sitio fue financiado parcialmente por un subsidio de la H. and T. King Grant for Precolumbian Archaeology, administrado por la Society for American Archaeology (SAA). Para ello, se firmó un convenio entre la SAA de EEUU y el CONICET.
Sobre el Congreso
El XXII Congreso Nacional de Arqueología Argentina se realizó del 27 al 31 de julio de 2026 en CABA, más precisamente en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en el barrio de Caballito.
Desde 1970 se realiza periódicamente y su importancia creció a la par del desarrollo de la misma disciplina sobre la que hace hincapié, convocando a profesionales y estudiantes de todo el país. Se distingue por la diversidad de enfoques, temas, regiones y períodos de estudio. Es, asimismo, un ámbito plural que favorece la discusión, tanto sobre la configuración del campo disciplinar bajo diferentes coyunturas nacionales, como de la relación entre arqueología y sociedad.