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CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES
Nuevos estudios cuestionan interpretaciones clásicas sobre la dieta de mamíferos nativos de América del Sur
Matías Armella es investigador del CONICET NOA Sur y recientemente publicó un estudio que pone en discusión un criterio largamente utilizado en paleontología: la estructura de los dientes como único parámetro confiable para inferir la alimentación de animales extintos hace millones de años.
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Un estudio científico publicado recientemente en la revista Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, pone bajo la lupa y analiza una serie de fósiles pertenecientes a un grupo de pequeños mamíferos extintos conocidos como paquiruquinos, similares a liebres, que habitaron el noroeste argentino hace aproximadamente 5 a 7 millones de años. Liderado por Matías Armella, docente de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCa) e investigador del Instituto Superior de Correlación Geográfica (INSUGEO, CONICET- UNT) y por Darin Croft, especialista de la Universidad Case Western Reserve, institución de Cleveland, EE. UU, este trabajo revisa la idea ampliamente aceptada de que los dientes de corona alta y crecimiento continuo -adaptados al desgaste- indican necesariamente una dieta pastadora como producto del consumo de hierbas duras y abrasivas.
Durante décadas esa fue una hipótesis de trabajo razonable para los especialistas del área, quienes se basaban en la analogía con especies actuales. Sin embargo, el análisis microscópico realizado por Armella y Croft, combinado con otras líneas de evidencia, revelan un panorama más complejo que indica que los paquiruquinos mantuvieron dietas variadas que incluían -en algunos casos- el consumo de pastos, pero que la mayoría de ellos se alimentaban de frutas y semillas, aspecto que sugiere una ingesta de nutrientes más flexible a la anteriormente pensada.
Más allá de replantear qué comían estos mamíferos del orden de los notoungulados, protagonistas de la fauna sudamericana prehistórica entre el Mioceno tardío y el Plioceno temprano, el presente estudio llega para aportar datos claves que además pueden ayudar en la reconstrucción del ambiente que predominaba en el noroeste argentino hace millones de años.
El desgaste dentario que cuenta otra historia
El foco de la investigación se centra en el análisis del microdesgaste dental, evidenciado por marcas como rayas, hoyuelos y perforaciones que los alimentos dejan en la superficie del esmalte de los dientes y que son solamente visibles con la mediación de un microscopio. Para ello, los dos protagonistas del estudio generaron moldes y réplicas de resina traslucida de dientes fósiles alojados en colecciones internacionales, como la del Field Museum de Chicago y el Carnegie Museum de Pittsburgh, y los compararon con alrededor de 140 especies de mamíferos herbívoros actuales, entre ellos chinchillas, wombats, pecaríes, corzuelas, caballos y camellos, bisontes.
Mediante análisis estadísticos multivariados y herramientas de aprendizaje automático como la machine learning, el equipo desarrolló modelos capaces de predecir la dieta de especies modernas a partir de su desgaste dental. Luego aplicaron el modelo más preciso a los fósiles de paquiruquinos. Al respecto, Armella revela: “Aunque algunos mostraron marcas compatibles con el pastoreo, la gran mayoría presentó patrones típicos de animales que consumían frutas y semillas”. De este modo, la forma del diente por sí sola no estaba asociada exclusivamente a una dieta basada en pasturas; la mayoría de los especímenes estudiados resultaron ser frugívoros o granívoros y solo algunos pastadores, insinuando una dieta de carácter estacional o flexible.
Reconstrucción de antiguos paisajes
La investigación de Armella y Croft permite presuponer que, si bien estos mamíferos consumían frutas y semillas, el paisaje habría sido más húmedo y heterogéneo de lo que se pensaba, con presencia de arbustos y pequeños árboles además de pastizales bajos. Esta interpretación coincide con un período de intensos cambios ambientales vinculados a la elevación de la cordillera de los Andes que transformó las condiciones climáticas de la región en aquellos períodos.
Otro dato clave es que los paquiruquinos, junto a otros ungulados prehistóricos, poseían dientes de crecimiento continuo que se asemejaban a los de los roedores actuales. Se trata de una característica que deviene del resultado de un proceso de evolución de millones de años, probablemente como adaptación a ambientes secos, polvorientos y abrasivos. Lo relevante es que, una vez que este tipo de dentición aparece en un linaje, no hay registro de su reversión. Esto significa que, aunque el ambiente cambiara, los animales pudieron explotar nuevos recursos sin modificar su estructura dental heredada. Los dientes de crecimiento continuo, entonces, no informan necesariamente detalles sobre la dieta, sino más bien sobre la historia evolutiva del grupo.
En resumen, el trabajo muestra que las generalizaciones basadas únicamente en la forma o altura de los dientes pueden conducir a interpretaciones simplificadas sobre la dieta de especies extintas. La combinación de microdesgaste dental y herramientas estadísticas, como las implementadas por Armella y Croft, ofrecen un enfoque más robusto y datos más precisos para armar el rompecabezas del pasado. Al revisar cómo se interpretan los dientes fósiles, este aporte no sólo redefine la dieta de un grupo poco estudiado de mamíferos extintos; contribuye también a reconstruir la historia ambiental del norte argentino y a comprender cómo la fauna respondió a los cambios climáticos del pasado profundo. “Esta investigación refuerza la importancia de integrar evidencia morfológica, análisis cuantitativos y contexto geológico para comprender la evolución de los ecosistemas de América del Sur”, señala Armella desde el INSUGEO.
El científico destaca por último que este trabajo no habría sido posible sin el sostenido apoyo del sistema científico nacional, con subsidios otorgados por el CONICET, la UNCa y la Asociación Paleontológica Argentina; pero además con aportes extranjeros concedidos por la Universidad de Case Western Reserve y la Paleontological Society, ambos organismos con sede en EE. UU. “Es un ejemplo concreto de lo que se puede lograr con una ciencia soberana, fortalecida desde las universidades públicas. La ciencia argentina está a la altura de los desafíos más complejos de la paleontología, formando recursos humanos y generando conocimiento de primer nivel que dialoga de igual a igual con los centros de investigación más prestigiosos del mundo”, asegura el investigador.
Referencia bibliográfica: Armella, A. A., Croft, D. A. (2026). Pass on the grass? The unexpected “last supper” of hypselodont Pachyrukhinae (Notoungulata, Mammalia) from the late Neogene of northwestern Argentina, 687, 113585. https://doi.org/10.1016/j.palaeo.2026.113585