CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

Arqueología forense al servicio de la Memoria, la Verdad y la Justicia

Un equipo del CONICET NOA Sur, liderado por el especialista Ezequiel Del Bel, colabora con el Banco Nacional de Datos Genéticos en diferentes procesos de exhumación para la identificación de nietos y nietas nacidos en cautiverio durante la última dictadura.


Que las Abuelas de Plaza de Mayo buscan desde hace décadas a los nietos arrebatados y privados de su libertad e identidad durante el período 76-83, sacudido por los aleteos de la última dictadura cívico-militar, no es noticia. Llevan toda una vida efectuando exhaustivas indagaciones para dar con el paradero de los hijos y las hijas de aquellas mujeres detenidas y desaparecidas que dieron a luz mientras permanecían secuestradas en centros ilegales de detención en todo el país.

Hace algunos meses, esas infatigables Abuelas recuperaron al nieto 131 en la provincia de Buenos Aires, gracias a un estudio de determinación genética. “Nos permite despedir el año -en referencia al 2022- con la esperanza de trabajar por lo que todavía falta”, rezaba durante el anuncio Claudia Carlotto, hija de Estela, titular de la mencionada Asociación Civil. Y exactamente seis días después, el 28 de diciembre hallaron a Juan José Morales, el nieto 132 que desde Tucumán exhibía una foto de su madre, Mercedes del Valle Morales, secuestrada en 1976, asesinada y enterrada en una fosa clandestina.

En sintonía con la causa y para seguir avanzando por este sendero es que el CONICET empezó a desempeñar un papel histórico, el cual se basa en poder contribuir -por medio de diferentes campos del conocimiento- a la identificación de nietos y nietas que nacieron bajo tales circunstancias. Y en el Jardín de la República hay un equipo de arqueólogos y arqueólogas, liderado por Ezequiel Del Bel, que está comprometido desde hace años -y ahora en particular- en colaborar con los diferentes procesos de exhumación; concretamente, en el relevamiento de muestras de restos óseos que luego servirán para estudios de compatibilidad de parentesco de potenciales familiares, estos últimos a cargo de expertos y expertas del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

 

Vínculo interinstitucional

El CONICET NOA Sur inició una colaboración con el BNDG -organismo autónomo y autárquico del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, encargado de preservar y agrupar además el material genético que servirá para cotejar la identidad de posibles nietos y nietas con el de las Abuelas mediante estudios de filiación- en el marco de un convenio impulsado por Mariana Herrera Piñero, directora general técnica de la entidad, y por Atilio Castagnaro, director de la institución científica. Asimismo, vale destacar la coordinación de los asesores legales del Banco y de Augusto Bellomio, vicedirector del Instituto Superior de Investigaciones Biológicas (INSIBIO, CONICET-UNT).

El grupo de arqueólogas y arqueólogos que participa desde Tucumán está dirigido por Ezequiel Del Bel, miembro del Instituto de Investigaciones Territoriales y Tecnológicas para la Producción del Hábitat (INTEPH, CONICET-UNT) y coordinador del Laboratorio de Investigaciones del Grupo Interdisciplinario de Arqueología y Antropología de Tucumán (LIGIAAT). Sobre el trabajo en cuestión, el especialista comenta que pueden seguir avanzando por este camino gracias al convenio conjunto con el BNDG, pero que se trata de un “trabajo constante” que él y sus colegas promueven desde hace más de 20 años: “y no solo lo hacemos en el territorio, puntualmente, también en las calles, en las aulas, con nuestras familias y en el seno de las instituciones”, aclara el especialista, y agrega: “no podemos retroceder en términos de nuestra memoria colectiva; no podemos aceptar más la discriminación, la estigmatización y los discursos de odio, y para eso debemos trabajar incesantemente desde la ciencia y la academia, en pos de alcanzar la Verdad, la Memoria y la Justicia”.

Específicamente, Del Bel y equipo empezaron a colaborar (ad-honorem y voluntariamente) con la causa a partir de 2022 en todo lo relacionado con las exhumaciones y la toma de muestras de restos óseos para análisis de ADN en distintas localidades de la provincia de Tucumán. “Es una linda experiencia y fue un muy buen trabajo en equipo”, subraya acerca de la intervención, y aspira “continuar cumpliendo con el convenio de colaboración mutua, y ampliar las tareas de investigación y formación académica en conjunto”.

Por otro lado, el coordinador del LIGIAAT señala que, en muchas ocasiones, para asegurar la verdadera identidad de las personas, el cotejo del material genético de los posibles nietos o nietas, requiere que sea realizado sobre varios parientes cercanos que previamente lo hayan aportado. Aquí aparece el BNDG, que cuenta aproximadamente 300 grupos familiares que poseen perfiles de varios miembros. Y para completarlos, es decir, para mejorar su poder estadístico es que se realizan las exhumaciones a aquellos familiares que no llegaron a dar su muestra en vida.  Con ello se busca lograr una identificación irrefutable. “La ampliación de la base genética de cada nieto o nieta, junto con las innovaciones tecnológicas para llevar a cabo nuevos tipos de análisis que está implementando el BNDG permitirá en el futuro lograr establecer la identidad de los bisnietos”, desliza.

Finalmente, es importante enfatizar que el trabajo que lleva a cabo el referente con el grupo de becarios, becarios, investigadores e investigadoras del CONICET NOA Sur y del LIGIAAT fue y va mucho más allá de lo descrito. En estos últimos años, gracias a la experticia con la que cuentan en arqueología forense (o como prefiere denominar el equipo, arqueología del pasado contemporáneo) participaron y contribuyeron en investigaciones integrales sobre delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico-militar y durante el Operativo Independencia. Y en este sentido, realizaron importantes avances -mediante rastrillajes y excavaciones- en centros clandestinos de detención o desaparición forzada como lo fueron el ex Arsenal Miguel de Azcuénaga, el Pozo de Vargas y la Escuelita de Famaillá, esta última conocida además por ser considerado el primer centro clandestino que funcionó en el país, y en la que se efectuó este tipo de prácticas.

“En estos lugares estuvieron secuestrados miles de personas, y para desgracia de nuestro país, muchos de ellos nunca salieron con vida. Por eso, con el objeto de conocer lo que pasó y fortalecer la memoria colectiva, y para que nunca más se cometan esas prácticas, es necesario que estas actividades se sigan llevando a cabo conjuntamente e integralmente”, concluye el especialista.